"Me gustaría tener...", "¡Qué suerte tiene!" La aspiracionalidad popular
Toco el tema de la aspiracionalidad, porque me parece atractivo, pero más aún en el mexicano. Es bastante común que después de platicar sobre el éxito profesional o económico de una persona no falta el sujeto que suspira e inmediatamente baja la mirada, diciendo (meláncolicamente): "¡Ay, qué suerte la de ese wey!, ¡Ojalá me pasará lo mismo!, ¡Qué envidia me da, pero de la buena!. Peor aún, he sido testigo de cómo esa frase emana de los labios de un profesionista. ¡¡¡Sì!!! Weyes y viejas de mi rango de edad que teniendo cierta preparación se denigran a sí mismos mediante el uso de esa clase de expresiones.
En principio de cuentas, la envidia, hasta donde sé, sólo es una y moralmente mala. Sin embargo, lo importante es la manera en que el mexicano exterioriza su sentir frente a la idea del éxito de otros, actitud que denomino "proyección del anhelo útopico". Lo limito a una proyección, porque el mexicano promedio es la clase de persona que, al saber del éxito de otros, no es capaz de generar una motivación que lleve a lograr algo similar por medio de un esfuerzo propio. Por el contrario, sólo expresa cuán desafortunado es con un tono de gusto por la otra persona, pero a la vez con una minimización de sí mismo, la cual se deja notar con una disminución del tono de voz cuando dice frases como: "Ojalá fuera tan suertudo como ese cabrón", "Pinche we, no mames, que suerte tiene", etc. Actitud a la que se suman una serie de elementos expresivos no verbales como suspiros y brazos cruzados, mismos que brindan refuerzo a una frustración por alcanzar una meta por mérito propio. Porporcionando así una interminable oportunidad de canalizar los posibles motivadores (que llevarían al éxito) hacía la vida de otros. O sea, un mero sueño.
De ahí que en el léxico popular palabras, frases y canciones que involucran la idea de los sueños sean sumamente exitosas. "No dejes jamás de soñar: se gana y se pierde en la vida", "Persigue tus sueños", "Lucha por tus sueños", "Mi sueño es..." en fin podría nunca acabar. Y es que para el mexicano un sueño es la aplicación de esa función cognoscitiva de la parte inconciente del cerebro a toda su vida, una especie de virtualidad que justifica la admiración banal del otro. Por ello, no ocuparía la palabra sueño en su acepción de meta o anhelo como cualquier otra palabra, al menos no después de saber que formo parte del colectivo social mexicano.
En otras culturas "soñar" es plantear objetivos y metas cuantificadas bajo un lapso de tiempo determinado, de modo tal, que se puedan ver concretamente y a partir de ellas generar más. El mexicano, por su parte, sueña y sueña pero simplemente se dedica admirar sin hacer nada por ello. "Follow your dreams" en otras culturas equivale a ser proactivo para alcanzar metas, aquí eso es sínonimo de echarte a contemplar lo que otros logran a la vez que lloras y te lamentas por tu aparente incapacidad de superación.
Hablando del mexicano promedio no resulta extraño. Lo verdaderamente curioso radica en el sector universitario que, contando con cierto conocimiento que supuestamente lo pone en una mejor situación al resto de la población, es síntoma de ese síndrome consecuencia de la proyección del anhelo útopico. Una parálisis que los deja como imbéciles cuando frente a ellos tienen la oportunidad de lograr ciertas cosas.
Es claro que los "sueños" a veces surgen espontaneamente, pero no así la posibilidad de alcanzarlos. En lo personal "sueño" mucho y más cuando tengo la firme intención de desarrollarme profesionalmente en la industria del entretenimiento, un mundo que en sí en un sueño.
Ya he dicho que soy distinto y, muy pesar de que mucha de mis canciones pop favoritas hablan de los sueños, la diferencia entre la manera en que sueño es que no me limito a admirar, sino a trabajar sobre ellos, a darme cuenta de que si Paris Hilton puede crear su propia sello discográfico y moldearse así misma como una estrella pop, yo haré una maestría en Music Industry para crear a alguien mucho más chingona que ella.
Creo que nuevamente mucha gente discrepa de mi manera "cruel" y "malinchista"de ver las cosas, pero que se le puede hacer, es paradójico, pero soy un soñador conciente. (Para los que se quejen de la sintaxis de conciente. Es conciente porque se refiere al estado de la actividad mental y procesos congoscitivos sobre los cuales tenemos conocimiento. Consciente se refiere a una acepción filosófica de dicho estado de actividad mental.)
Los ama,
Isaac Garrido

1 Comments:
nos conquistaste, nos hiciste tuyos y nos tiraste a la basura!! Los sueños son el reflejo de nuestros deseos verdaderos.
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